"Sería divertido que cuando mis labios tocaran la taza de chocolate, yo cayera desmayado, muerto, como víctima de un veneno".
Con esta frase comienza la historia de Una taza de José Olascoaga Ortega, uno de los ganadores de la categoría 3, estudiantes de educación superior, de la sexta versión del Concurso Nacional de Cuento RCN- MEN. Este cuento fue además, la excusa para conversar con los chicos de la I.E.D. Gabriela Mistral en el barrio Gaira de Santa Marta, acerca de la ficción y los caminos que recorremos en su compañía.
¿Qué pasaría si al igual que el protagonista de esta historia, pidiéramos un deseo que efectivamente se realizara? Hicimos la prueba repitiendo lo que nos cuenta Alberto, el personaje central de Una taza quien recuerda la lectura de Las mil y una noches y en medio de esa evocación, que sucede justo antes de tomarse una taza de chocolate, en lo que parecía un desayuno normal como el de todos los días, desea que algo extraordinario suceda para cambiar esa cotidianidad que lo abruma.
Después de leer el texto y antes de tomarnos una taza de chocolate, los chicos imaginaron todas clase de situaciones alrededor de ese deseo fantástico. Así algunos pensaron en un chocolate infinito, una taza que no deja de llenarse nunca y por lo tanto aquel que bebe de ella, está condenado a hacerlo eternamente. También en una bebida capaz de congelar el tiempo, así alguien bebe de aquella taza e inmediatamente todo se detiene. Sólo aquel que ha tomado el chocolate puede moverse a su antojo. Una ciudad hecha totalmente de chocolate que alguien pudiera comerse con todos los problemas que eso ocasionaría a sus habitantes, fue otra de las ideas que surgieron.
Alguien propuso : desearía perder la memoria para olvidar los malos momentos. Analizamos entonces, las consecuencias de ese deseo y de otros como el de congelar el tiempo. En el caso de perder la memoria y si el chocolate se acabara, ¿cómo regresaríamos a la normalidad? Nos quedaríamos para siempre en una especie de limbo, sin tiquete de regreso, porque olvidaríamos también como llegamos a ese estado.
Ahora bien, con respecto a congelar el tiempo, si la persona que lo desea se termina toda la bebida que produce ese efecto, ¿no se quedaría solo por el resto de la eternidad contemplando un mundo estático? Algunas historias llevan una especie de veneno, es decir, alcanzan situaciones que no esperamos al plantearlas inicialmente, pero que en el terreno de la escritura van adquiriendo forma.
Veamos algunas de las historias creadas a partir de Una taza :
Alguien propuso : desearía perder la memoria para olvidar los malos momentos. Analizamos entonces, las consecuencias de ese deseo y de otros como el de congelar el tiempo. En el caso de perder la memoria y si el chocolate se acabara, ¿cómo regresaríamos a la normalidad? Nos quedaríamos para siempre en una especie de limbo, sin tiquete de regreso, porque olvidaríamos también como llegamos a ese estado.
Ahora bien, con respecto a congelar el tiempo, si la persona que lo desea se termina toda la bebida que produce ese efecto, ¿no se quedaría solo por el resto de la eternidad contemplando un mundo estático? Algunas historias llevan una especie de veneno, es decir, alcanzan situaciones que no esperamos al plantearlas inicialmente, pero que en el terreno de la escritura van adquiriendo forma.
Veamos algunas de las historias creadas a partir de Una taza :
“La ciudad de chocolate” de
Camilo Arcila
Yo me llamo Camilo. Un día mi mamá preparó un rico chocolate para mi y para mi familia. Cuando me lo dio, yo me imaginé cómo
sería una ciudad de chocolate: las casas, los carros y las vías, las personas y
los insectos se la comerían. Quedarían sin casa, carros y vías; pero si no se la
comieran, si al salir el sol se deshiciera
el chocolate, se volvería un río enorme de chocolate y pasarían todas las
personas pegajosas y empalagosas de tanto comer chocolate para que se acabara.
Pero como hay tanto chocolate, no terminarían y saldría el sol, se desharía el
chocolate otra vez y lo que han construido durante toda esa noche. Nunca
terminarían y se acabaría la ciudad y las personas de otra parte tendrían miedo
de vivir allí, porque un niño imaginario arruinó todo y nunca más se normalizó
esa ciudad.
“After life” de Juan Santiago
Y estaban todos en la sala, en un gran
momento de suspenso, y yo, un chico normal participaba en la actividad. Nos dijeron que pidiéramos un deseo antes de tomar el café y allí comenzó todo.
Mi deseo era tener buena suerte hasta
después de morir y así es. Hoy en día describo mis pequeñas aventuras por medio
de un amigo con el cual me comunico por sueños.
Tal fue mi suerte, que morí en preferencia
de haber quedado inmóvil de por vida. Morí en un trágico accidente junto con mi
madre, con la que me aventuro a diario a salvar criaturas místicas en este
mágico mundo. Este es llamado de muchas maneras, unos le dicen mundo astral,
otros prefieren llamarlo onírico – mundo y yo sólo le digo: la otra vida.
Este mundo es como medieval, pero
actualizado. Las personas pueden volar y manejan los elementos y son místicos.
Tanta es mi suerte que vivo cómodamente con la naturaleza, animales,
hermosa y eterna atención de mi madre. Aquí hay dragones, magos, brujas
y hermosas hadas, duendes, elfos, trolls , un gran consejo directivo que
mantiene todo organizado.
Este mundo es maravilloso, hermoso y a
pesar de haber muerto, hoy sé que tuve suerte.
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